¿Qué tipo de exposición ocurrió?

La rabia se transmite solo cuando el virus se introduce en una herida de mordedura, cortes abiertos en la piel o en las membranas mucosas, como la boca o los ojos.

Otros factores a considerar al evaluar una posible exposición a la rabia incluyen la ocurrencia natural en el área, la historia del animal mordedor y el estado de salud actual (por ejemplo, comportamiento anormal, signos de enfermedad) y la posibilidad de que el animal se exponga a la rabia (por ejemplo, presencia de una herida inexplicable o antecedentes de exposición a un animal rabioso).

Es poco probable que un perro, gato o hurón vacunado en la actualidad se infecte con rabia.

Cuando se ha producido una exposición, la probabilidad de infección por rabia varía con la naturaleza y el alcance de esa exposición. En la mayoría de las circunstancias, se deben considerar dos categorías de exposición: mordida y no mordida.

Mordida

Cualquier penetración de la piel por los dientes constituye una exposición a la mordida. Todas las mordeduras, independientemente del sitio del cuerpo, representan un riesgo potencial de transmisión de la rabia, pero ese riesgo varía según la especie del animal que muerde, el sitio anatómico de la mordedura y la gravedad de la herida.

Las mordeduras de algunos animales, como los murciélagos, pueden causar lesiones menores y, por lo tanto, ser difíciles de detectar.

¿Fue la mordedura de un ataque provocado o no provocado? Las mordeduras infligidas a una persona que intenta alimentar o manipular a un animal aparentemente sano generalmente deben considerarse provocadas. Si fue un ataque no provocado, es más probable que indique que el animal tiene rabia.

No mordida

La contaminación de heridas abiertas, abrasiones, membranas mucosas o, teóricamente, rasguños (potencialmente contaminados con material infeccioso de un animal rabioso) constituye una exposición no mordida.

Las exposiciones no mordidas de animales terrestres rara vez causan rabia. Sin embargo, informes ocasionales de transmisión de la rabia por exposiciones no mordidas sugieren que tales exposiciones deben evaluarse para la posible administración de profilaxis posterior a la exposición.

Otro contacto por sí solo, como acariciar a un animal rabioso y el contacto con sangre, orina o heces de un animal rabioso, no constituye una exposición y no es una indicación para la vacunación posterior a la exposición.

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